Historias cruzadas: los Multifamiliares Tlalpan tras el terremoto de 2017
Historias cruzadas: Multifamiliares Tlalpan
A dos meses de haber ocurrido el terremoto cierro los ojos y pasan por mí un y mil imágenes que no puedo narrar sin que mi garganta se cierre. He perdido el olfato y también el sueño.
¡Inhalo profundo, hago una pausa y siento fuerte! ¡Exhalo despacio, pauso y comienzo a escribir!
Estoy ahí, en el ojo del huracán. Llegué con mi equipo de 6 psicólogas caminando en medio de la oscuridad. Paradas frente a los Multifamiliares de Tlalpan, del otro lado de la acera, vimos a lo lejos como se levanta el puño cerrado de un hombre que estaba encima de un montón de piedras, era un edificio colapsado. Esa era la señal conocida como el puño del silencio en la zona cero. Rápidamente los motores se pagaron, todos guardamos silencio para escuchar los débiles gritos de los sobrevivientes. Nuestros cuerpos se estremecen y el alma se agita. Llega el miedo en mi gente. Se retiran 3 y quedan 3, conmigo somos 4.

El 19 de septiembre del 2017 entré con mucho respeto a la comunidad, pero tuve que discutir con Claudia E., jefa de turno en la Unidad de Primeros Auxilios Psicológicos. Era mucha la tensión, se percibía en el ambiente el miedo y la ansiedad de los familiares, así como la angustia de los voluntarios. Claudia E., quiso disponer de mi equipo terapéutico, sin hacer estrategia conmigo. Así que tuvimos un encontronazo el cual frené diciendo: "No vengo a ayudarte a ti, vengo a servir a la comunidad. Esta ayuda no es para ti, es para la gente de la comunidad; nos vamos a poner en donde se le haga falta a la gente, no en donde tú crees que te hago falta a ti". Mi actitud firme y organizada permitió que ella compartiera el liderazgo y comenzáramos hacer la estrategia que permitiría tener 2 equipos para cubrir la atención de familiares en espera, voluntarios colapsados y acompañamiento para el reconocimiento de los cuerpos encontrado, así como atención para contener y acompañar la crisis de los sobrevivientes.
¡Inhalo profundo, hago una pausa y siento fuerte! ¡Exhalo despacio, pauso y sigo escribiendo!

Por momentos, soy la profesionista que usa todas las herramientas y técnicas adquiridas para dar contención emocional y evitar que la gente enloquezca de dolor. Por otros momentos, soy sólo un ser humano para quien las herramientas se quedan chiquitas y no bastan para la magnitud del daño. Finalmente, soy una mujer fuerte extendiendo los brazos y diciendo: "Te doy un poco de mi calma; es lo único que puedo garantizar hoy. No sé si el gobierno te va a arropar, no sé si vas a encontrar a tu hija o familiar, pero sí puedo garantizar que mis brazos te van a sostenerte hasta que lleguen las noticias". Entonces, también soy esa mujer con habilidades y talentos, dando su humanidad para poder acompañar al otro, ahí en donde las herramientas y las técnicas no son suficientes.
Además de ayudar en la zona cero de los Multifamiliares de Tlalpan como terapeuta y líder de equipo, también coordiné otros recursos desde mi lugar de trabajo como maestra en el IPN. Algunos, siguieron operando hasta el día de hoy. Organicé un centro de acopio con estudiantes de la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía. A dicho lugar llegaron cosas diversas de todos los hogares del alumnado, incluyendo a las personas foráneas. Cuando la directora de la Escuela nos pidió desalojar las instalaciones, trasladamos el centro de acopio a un espacio que nos brindaron la profesora Lupita Cuevas y su marido, el doctor Juan Manuel Ordoñez. Finalmente termino dicho centro de acopio en mi casa.

Mientras estaba trabajando en la zona cero, mis alumnos/as y exalumnos/as se encargaron de hacer el acopio. Cuando salía de la zona cero corría a trabajar con el centro de acopio y a organizarme con el alumnado. Lo último que repartimos fueron diez cobijas matrimoniales el 23 de diciembre de 2017. Las cobijas se costearon gracias a la cooperación voluntaria de mi grupo de quinto semestre de la ENMH, más el donativo que le mandaron a mi alumna Ana Mendoza sus familiares desde Estados Unidos. El grupo se hizo cargo de ir al Centro Histórico a comprar cobijas a buen precio, por lo que pudimos beneficiar a más familias de Xochimilco. El acopio fue entregado todo el tiempo por compañeras de mi organización, Sibila Red de Salud Mental y Género.
¡Inhalo profundo, hago una pausa y no me cabe tanto dolor en el cuerpo! ¡Exhalo despacio, pauso y sigo trayendo las imágenes a mi mente para narrarlas!
En el equipo de trabajo comentamos que como terapeutas tenemos algunas certezas en nuestra práctica privada o incluso en la hospitalaria. Podemos hablar a los pacientes de forma clara sobre sus posibilidades; decir "si no haces esto, te vas a morir" o "si haces esto otro, hay posibilidades de recuperación". Es decir, hay un futuro, que puede ser negro o esperanzador, pero que nos permite plantear a los pacientes cuáles son sus cartas y permitirles analizar cómo las quieren mover. Finalmente, la decisión es suya. Pero en la zona cero, la única certeza que crecía día a día era la de la muerte, la descomposición, el alejamiento por parte del gobierno, que sólo llegaba a recuperar cuerpos, censarlos, contarlos, resguardarlos, ofrecer facilidades para velarlos… y nada más.

La gente que salía de los escombros no sabía dónde pasaría esa noche, ni las siguientes. En la Unidad de Primeros Auxilios Psicológicos, recibimos a varias personas para que durmieran en cobijas, en el suelo, sobre Tlalpan, porque no tenían fuerzas para salir de ese espacio o porque simplemente no tenían a dónde ir. Con nosotras, al menos tenían nuestro oído, nuestro abrazo y no querían perderlos. Algunos estuvieron ahí varios días pasando frío y comiendo poco, no porque escaseara el alimento, sino porque no tenían ánimo para comer.

Me gustaría destacar de esta fuerte experiencia este bello recuerdo: en medio de aquel desastre, la comida nunca faltó. La solidaridad era un bálsamo que recibíamos de todos, siempre dispuestos a compartir y ayudar con la comida. Siempre podías contar con una taza de café, atole, agua, suero; siempre había un sándwich, algo para comer.
Este testimonio son momentos de mi vida en los que aparece la nada. No hay mucho qué decir, pero hay mucho que acompañar. Mi herramienta más fuerte fueron mis brazos para sostener, mi hombro para que la gente llore y, por supuesto, mi escucha cálida.
¡Ahí en donde las herramientas aprendidas se acaban, el ingenio y la creatividad acompañan a la solidaridad y te inventas algo para sostener a la otredad.
Sonia Gabriela Solorio Gutiérrez
Este artículo reúne fotografías de distintos autores. Debido a la emergencia, Sibila no pudo recopilar material audiovisual propio; agradecemos a quienes capturaron y compartieron estas imágenes.
Fotos: ProtoplasmaKid (portada y escombros), Wotancito (Multifamiliar Tlalpan) y MaloMalverde (centro de acopio y empacado de víveres, vía Flickr), bajo licencias CC BY-SA 4.0 y CC BY-SA 2.0. La imagen de la contención emocional fue generada con Gemini.